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Fue Responsable De Asesinar 75000 Bebes Ahora Es Un Fiero Defensor De La Vida
El Dr. Bernard Nathanson, autor de El Alarido Silencioso dice: “Soy responsable directo de 75,000 abortos… Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en E.E. U.U., en 1968” y continúa explicando cómo hacían para amañar las estadísticas y publicar sus mentiras en los medios. A esa táctica añadían la de “jugar la carta del anticatolicismo” —carta muy usada por los grupos libertinos— vilipendiando sistemáticamente la Iglesia Católica y callando el apoyo de los protestantes, judíos y muchos millones de otros ciudadanos a los grupos Pro Vida. “La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica”, añadía el Dr. Nathanson.
El doctor Bernard Nathanson ha escrito el libro ‘The Hand of God. A Journey from Death to Life by the Abortion Doctor Who Changed His Mind'. Se trata de la autobiografía de quien fue conocido en Nueva York como ‘el rey del aborto', se convirtió luego en destacado defensor de la vida y ha acabado ingresando en la Iglesia católica. La categoría intelectual y moral del doctor Nathanson ha hecho que otros muchos que practicaban o fomentaban el aborto, incluídos algunos parlamentarios, reconozcan su error y se unan a la lucha en favor de la vida humana más indefensa. Sencillamente, el aborto y su cortejo —desde la grotesca eutanasia del doctor Kevorkian hasta los embriones congelados de Gran Bretaña— son asuntos que nunca quedarán sanjados, pues afectan al sentido mismo de la vida humana. En ningún lugar se puede ver mas clara que en Estados Unidos en este momento de la historia la división entre las fuerzas de la «cultura de la muerte» y «la civilización del amor». Las conversiones de Nathanson, primero a la causa pro-vida y luego al cristianismo, son altamente significativas, en cuanto muestras del poder de la evidencia científica y de la oración. Y manifiestan, además, la estrecha conexión que existe entre Dios y la ley natural inscrita por él en la naturaleza humana. Quien reconoce y sigue la ley natural, es muy posible que acabe encontrando a Dios y a la Iglesia.