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Develando el código Da Vinci
Las excentricidades se mezclan con multitud de datos erróneos, que tanto la crítica como el público no han tardado en reconocer: desde afirmaciones escritas desde la más absoluta ignorancia histórica –los Juegos Olímpicos de la antigüedad se celebraban en honor de Zeus, no de Afrodita; el Papa Clemente V no eliminó a los templarios en un plan maquiavélico ni pudo echar sus cenizas al Tíber, entre otras cosas porque vivía en Aviñón–, hasta la osadía de dar referencias geográficas que no se corresponden con la realidad –el recorrido en coche por las calles de París es imposible–, pasando por ataques directos y poco originales a la figura de Cristo y a la doctrina católica.
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